lunes

refrigerio de medianoche

La puerta del refri estaba abierta. La luz que se escapaba por la puerta abierta iluminaba el jugo de naranja que goteaba sobre el suelo de la cocina y mis manos que se asían de una de las parrillas. Estaba hincada, con el pantalón en las rodillas, la camiseta un poco más arriba de la cintura y tú, detrás mío, tocándome los senos, estrujándolos, pellizcando de cuando en cuando mis pezones. Me penetrabas fuertemente, yo lo pedía, gemías, te movías rápido, más rápido, a veces más lento y era cuando miraba como el frío se escapaba del refrigerador. Te sentía tan dentro, tan complementario, que olvidaba que no traías condón. Me acariciabas la espalda, también la lamías, haciendo que me inclinara hacia el frente, así llegabas aún más dentro. O cuando me besabas el cuello, jalándome tiernamente el cabello, sentía el vello de tu vientre y pecho rozar mi espina dorsal. Me chupabas el cuello y la boca, metías tu lengua en mi oreja, soplándome que me amabas. Me volvías a embestir, yo gritaba, me quedaba sin respiración a la hora del orgasmo, temblaba y me recorrían fuertes escalofríos. Una suave nalgadita llegaste a darme. Te miraba de reojo, entregado, vulnerable, mío. Orgasmos largos como oleadas y no sólo tú, o no sólo yo, sino los dos al mismo tiempo.

1 comentario:

AJSALA dijo...

corregitum est!