Cuando se miraron, fue amor a primera vista, bueno, sí eso existe. Una se llamaba Camila, la otra Pamela. Camila, morena clara, delgada pero no flaca. 36 B. Sonrisa amplia, enmarcando unos dientes perfectos. Ojos negros. Cabello lacio, largo y color chocolate. Vestía unos jeans y una camiseta amarilla, con una imagen de Krishna. Pamela, morena oscura, casi flaca, aunque con unos brazos y piernas torneados. Labios carnosos. Cabello hasta los hombros, con una especie de rayitos rubios sobre una base castaña. Ojos grandes, verdosos y unas pestañas larguísimas. Nariz respingada. Traía un vestido halter color verde, cortito y unas chanclas pata de gallo doradas.
Ambas estaban formadas en el HSBC de Insurgentes Sur, frente al Rincón Cubano. Camila regresaba de una cita en la Condesa y debía cobrar el primer cheque que le habían pagado por las serie de fotos que había vendido en una galería gringa. Pamela, pagaba la escuela o intentaba hacerlo. Las dos estaban formadas en colas diferentes, pues Pamela sí era cuentahabiente, pero a la altura en la que se encontraban, ambas podías observarse detenidamente.
A Camila le impactó el color de piel de Pamela. Se miraba super tersa. Y sus labios, besables absolutamente. A Pamela, en cambio, se le antojaban las tetas de Camila, tan grandes, tan firmes. Y además el porte con el que caminaba. Se veía super sexy esperando en la cola.
Camila, sin pensarlo, le sonrió, mordiéndose un labio. Pamela, devolvió la miraba, sacando un poco la lengua.
El siguiente turno era ya el de Pamela, así que cuando hubo terminado de pagar, caminó lentamente a la puerta, cerciorándose de que Camila la observaba. Se detuvo para mirar dentro de su bolso, para hacer tiempo y poder interceptarla.
Camila cobró el cheque, y caminó decididamente hacia Pamela. Le sonrió nuevamente y le dijo que se le hacía conocida, cosa que era mentira. Salieron juntas de banco. Mientras caminaban a donde el coche de Camila estaba estacionado, que era como a una cuadra, en la calle de Querétaro, las dos se percataron de que se atraían bien fuerte. Pamela intentaba no mirar con fijeza los pezones de Camila, que se habían comenzado a marcar en la camiseta, pero Camila rozaba con la mano las piernas de Pamela. Después de obviar la situación de si se conocían o no, quedaron en ir a tomar algo, pues se habían "caído muy bien" y ambas tenían tiempo libre.
Llegaron al stratus del novio de Camila, que era el auto que buscaban, y se subieron. Cuando Pamela se sentó, el vestido mostró sus ejercitados músculos. Camila los miró por un instante y se imaginó lamiéndolos hasta llegar a su sexo, afeitado, cálido, húmedo. Mientras, Pamela pensaba invitarla al departamento que compartía con una chica que a veces, cuando necesitaba sexo, fungía como su chica. Pero al final optaron por ir a casa de Camila, quien vivía sola desde hacía 3 meses.
Durante el trayecto, ambas estuvieron coqueteando abiertamente, hasta el grado de que Camila tocaba las piernas a Pamela, y ésta subía la mano de Camila para rozar su entrepierna.
Cuando entraron, Camila tomó de la mano a Pamela y la condujo a la habitación. Atravesaron la estancia que se iluminaba por la luz del ocaso y Pamela la besó suavemente. Le acarició los senos sobre la camiseta, mientras Camila le tomó las nalgas por debajo del vestido. Con el dedo índice recorrió el resorte de la tanga hasta llegar al pubis, y comprobó que estaba afeitado, como se había imaginado. Se besaron por unos minutos, hasta que Camila le desabrochó el vestido y éste cayó al suelo, mostrando a Pamela en tanga y sin sostén.
Pamela ayudó a Camila a quitarse el pantalón, los zapatitos y la camiseta. Cuando miró sus pechos a través del bra, le mordió los pezones y comenzó a succionarlos lentamente, bajando los tirantes para dejar los senos al descubierto.
Camila le besó la espalda, desde la nuca hasta las nalgas. Después el vientre, los muslos y dejó hasta el final el sexo. Pamela abrió las piernas y dejó que Camila metiera poco a poco la lengua para juguetear con su clítoris. Recorría suavemente los labios, sorbiendo el flujo que segregaba su vagina. Mientras, ella se tocaba los senos y gemía, lo que excitaba aún más a Camila. Y mientras más se excitaba, más pensaba en que su chico la penetrara por detrás, mientras ella le seguía haciendo sexo oral a Pamela.
De pronto Pamela jaló a Camila del cabello, para que ésta se acercara a besarla en la boca. Eran unos besos, largos, las lenguas de ambas se entrelzaban, y de vez en vez se mordían los labios mutuamente. También se besaban el cuello, los hombros. Se sobaban los senos, las nalgas. Cada una metía el dedo en la vagina de la otra. Frotando el clítoris y resbalando tan dentro, que ambas gemían de placer, convirtiendo los besos en algo más intenso.
Pamela comenzó a besar nuevamente los senos de Camila. Chupaba los pezones y le encantaba sentir su lengua mientras estos se encontraban erectos. Y los dedos, dentro de Camila, donde la vagina era un lugar empapado y caliente. Metía y sacaba los dedos, chupando y haciendo que Camila se probara a sí misma.
Ambas estaban formadas en el HSBC de Insurgentes Sur, frente al Rincón Cubano. Camila regresaba de una cita en la Condesa y debía cobrar el primer cheque que le habían pagado por las serie de fotos que había vendido en una galería gringa. Pamela, pagaba la escuela o intentaba hacerlo. Las dos estaban formadas en colas diferentes, pues Pamela sí era cuentahabiente, pero a la altura en la que se encontraban, ambas podías observarse detenidamente.
A Camila le impactó el color de piel de Pamela. Se miraba super tersa. Y sus labios, besables absolutamente. A Pamela, en cambio, se le antojaban las tetas de Camila, tan grandes, tan firmes. Y además el porte con el que caminaba. Se veía super sexy esperando en la cola.
Camila, sin pensarlo, le sonrió, mordiéndose un labio. Pamela, devolvió la miraba, sacando un poco la lengua.
El siguiente turno era ya el de Pamela, así que cuando hubo terminado de pagar, caminó lentamente a la puerta, cerciorándose de que Camila la observaba. Se detuvo para mirar dentro de su bolso, para hacer tiempo y poder interceptarla.
Camila cobró el cheque, y caminó decididamente hacia Pamela. Le sonrió nuevamente y le dijo que se le hacía conocida, cosa que era mentira. Salieron juntas de banco. Mientras caminaban a donde el coche de Camila estaba estacionado, que era como a una cuadra, en la calle de Querétaro, las dos se percataron de que se atraían bien fuerte. Pamela intentaba no mirar con fijeza los pezones de Camila, que se habían comenzado a marcar en la camiseta, pero Camila rozaba con la mano las piernas de Pamela. Después de obviar la situación de si se conocían o no, quedaron en ir a tomar algo, pues se habían "caído muy bien" y ambas tenían tiempo libre.
Llegaron al stratus del novio de Camila, que era el auto que buscaban, y se subieron. Cuando Pamela se sentó, el vestido mostró sus ejercitados músculos. Camila los miró por un instante y se imaginó lamiéndolos hasta llegar a su sexo, afeitado, cálido, húmedo. Mientras, Pamela pensaba invitarla al departamento que compartía con una chica que a veces, cuando necesitaba sexo, fungía como su chica. Pero al final optaron por ir a casa de Camila, quien vivía sola desde hacía 3 meses.
Durante el trayecto, ambas estuvieron coqueteando abiertamente, hasta el grado de que Camila tocaba las piernas a Pamela, y ésta subía la mano de Camila para rozar su entrepierna.
Cuando entraron, Camila tomó de la mano a Pamela y la condujo a la habitación. Atravesaron la estancia que se iluminaba por la luz del ocaso y Pamela la besó suavemente. Le acarició los senos sobre la camiseta, mientras Camila le tomó las nalgas por debajo del vestido. Con el dedo índice recorrió el resorte de la tanga hasta llegar al pubis, y comprobó que estaba afeitado, como se había imaginado. Se besaron por unos minutos, hasta que Camila le desabrochó el vestido y éste cayó al suelo, mostrando a Pamela en tanga y sin sostén.
Pamela ayudó a Camila a quitarse el pantalón, los zapatitos y la camiseta. Cuando miró sus pechos a través del bra, le mordió los pezones y comenzó a succionarlos lentamente, bajando los tirantes para dejar los senos al descubierto.
Camila le besó la espalda, desde la nuca hasta las nalgas. Después el vientre, los muslos y dejó hasta el final el sexo. Pamela abrió las piernas y dejó que Camila metiera poco a poco la lengua para juguetear con su clítoris. Recorría suavemente los labios, sorbiendo el flujo que segregaba su vagina. Mientras, ella se tocaba los senos y gemía, lo que excitaba aún más a Camila. Y mientras más se excitaba, más pensaba en que su chico la penetrara por detrás, mientras ella le seguía haciendo sexo oral a Pamela.
De pronto Pamela jaló a Camila del cabello, para que ésta se acercara a besarla en la boca. Eran unos besos, largos, las lenguas de ambas se entrelzaban, y de vez en vez se mordían los labios mutuamente. También se besaban el cuello, los hombros. Se sobaban los senos, las nalgas. Cada una metía el dedo en la vagina de la otra. Frotando el clítoris y resbalando tan dentro, que ambas gemían de placer, convirtiendo los besos en algo más intenso.
Pamela comenzó a besar nuevamente los senos de Camila. Chupaba los pezones y le encantaba sentir su lengua mientras estos se encontraban erectos. Y los dedos, dentro de Camila, donde la vagina era un lugar empapado y caliente. Metía y sacaba los dedos, chupando y haciendo que Camila se probara a sí misma.
Después Camila se colocó debajo de la vagina de Pamela y nuevamente metió la lengua al mismo tiempo que ella misma se masturbaba. Pamela la miraba y se recogía el pelo, gritando, sobándose las tetas. Tenía la boca seca y el orgasmo al que estaba llegando era tan intenso que lo podía ver de un color beige. Sentía como la energía se acumulaba en la vagina, el pubis, en las nalgas y como un escalofrío la recorría hasta la nuca y detrás de las orejas. Ese mismo orgasmo la hacía quedarse sin respiración por momentos, olvídandose de donde estaba y quien le hacía el conilingus.
Camila, mientras saboreaba a Pamela, seguía pensando en el pene de su novio, penetrándola lentamente, y que éste, al estar detrás de Pamela, besara el cuello y la espalda de ésta, o quizás sus nalgas. Y mientras estás imágenes se formaban en su cabeza, el orgasmo de Pamela y sus gemidos, ocasionaron que su orgasmo fuera intensísimo. Sentía como la piel se le erizaba y cómo poco a poco un gran peso se le quitara de encima, haciéndola flotar por la habitación.
Pamela se recostó al lado de Camila y ambas tenían el cuerpo sudoroso, lustroso y tibio. Se dieron un beso y se abrazaron, quedándose dormidas por unos minutos.
Cuando despertaron, la luz de la tarde se había extinguido y sólo la luna iluminaba un poco
la habitación. Camila, prendió un cigarro mientras observaba como Pamela se vestía lentamente.
Le dió un beso en la espalda que el vestido dejaba al descubierto y supo que bien la podría amar.
En cambio Pamela sabía que había sido una tarde más, y que mañana tendría que volver al banco para ver a quién podría seducir, una vez más.
1 comentario:
Sorry por no haber comentado nada, pero kada vez ke lo leo me kedo vastante mmm..... ok tu entiendes, fasinante, tublika mas , mas mas. besos.
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