viernes

Antes de que me sumerja en la lluvia,
para caminar hasta El Caballito de Sebastián,
leo un poco de tu piel.
Suave,
con unas grafías tatuadas con tinta negra y surcada por vellitos oscuros y ondulados.
Leo en tu palma que me amas tanto como yo a ti,
y descifro que viviras hasta que seas abuelo.
Leo sobre tu espalda,
algunas marcas que asemejan las dunas de un desierto tostado y terso y con mi dedo índice,
sigo esas dunas como vistas desde lo alto del cielo.
Bajo con mi dedo hasta la unión de tus nalgas con los muslos,
simplemente reposo en ese lugar,
intentando mirar que dice tu piel bajo los vellos.
Si,
eso hago,
antes de sumergirme en la lluvia del viernes primero de septiembre.

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