Aunque la música era lo bastante fuerte, el barman y el tipo cute escucharon toda mi plática o bastante de la misma, porque me comenzaron a hacer algunos comentarios. El bartender de nombre Rodrigo me pedía que lo esperara y que él me llevaría a mi house al cerrar el bar. Por supuesto que rechacé la propuesta (¡que hueva esperarme!) aunque con una linda sonrisa, lo que me hizo acreedora a otro vodka&tonic y el tipo cute, Gerardo, comenzó una charla bastante x, que prosiguió con una peor acerca del fútbol europeo y de porqué el Barcelona era mejor equipo que el Osasuna. (¡a mi qué diablos puede interesarme el tema, además de que soy pésima en el área deportiva!) Como dos horas transcurrieron y ya el fútbol se había convertido en mi deporte favorito. Gerardo estaba pidiendo un cuarto trago para miguelita, cuando recorde que "el Beatle"* no tenía comida en el plato y que probablemente se estuviera comiendo las plantas. Detuve a Rodrigo antes de que me sirviera el trago y le dije a Gerardo que era "time to go". Cuando iba a sacar mi cartera, me detuvo (¡¡guau!!) y pagó mi cuenta. Me acompañó a pedir mi auto y me pidió mi teléfono. Le di el celular, pues el de la casa nunca se da por un convenio que inventamos en un cumpleaños de Samantha, y me subí a mi auto. Manejé hasta la casa con la nariz dormida por el frio (y el alcohol) y sonriendo, totalmente loser. Cuando llegué a la casa, "el Beatle" estaba dormido junto a un hueso de pollo rostizado que Fernanda le había dado como cena. El cuarto de la Fer, cerrado, con la luz apagada pero el estereo super fuerte (estaba acompañada o bien dormida) y el de Debbie, abierto de par en par completamente limpio y ordenado. Mi recámara, hecha un desmadre, la ropa sobre la cama y el clóset medio cerrado. La laptop oculta bajo los papeles de mi escritorio y la lucecilla del identificador parpadeando. Chale! Había llamado mi jefa. Ni modo.
Comencé a quitar lo que sobraba de mi cama y me puse la pijama. Me lavé los dientes, me limpié la cara y sonó mi móvil. Ja. De nuevo me tardé siglos en contestar, pero alcancé la llamada. Cuando colgué, "el Beatle" ya estaba en mis piernas. Lo abracé y le secreteé mi llamada recibida.
* es mi gato persa color champagne, bueno nuestro gato. Se
llama " el Beatle" porque cuando era bebé, el menso de mi hermano lo
rasuró y le dejó un corte similar al de los beatles en sus inicios, bueno, se
parecía un poco.
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