Ahora todo cambia.
Regresé a mi departamento y Deborah ya se había
ido.
Samantha le ayudaba a guardar sus cosas en el
coche de un amigo. Cuando guardé mi coche en el estacionamiento me saludaron con
la mano, pero ni una palabra.
Subí las escaleras con pesadumbre, la neta, abrí
la puerta, la única luz era la de la cocina. Fernanda se hacía un sandwich, no
hablaba, sólo untaba mayonesa en un pan bimbo. Yo, con la laptop en el brazo
izquierdo, el celular en la mano derecha, junto con las llaves, mi bolsa colgado
del brazo en el que traía la laptop. Le sonreí, ella me respondió con un abrazo.
Ahora solo somos nosotras dos.
martes
ahora...
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